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En los Caseríos de Santonte
y Tecapa del distrito
de San Pedro de Lloc, en
la provincia de Pacasmayo,
existe un oasis que juntamente con el de
Huacachina, en Ica, tienen
todos los requisitos para clasificarlos como tales, tan
igual que a los oasis del desierto del Sahara en Africa,
de donde se origina esta palabra y que alude a un afloramiento
acuífero en medio de un desierto colmado de dunas
y poblado por plantas del lugar. El oasis de Cañoncillo
está rodeado de dunas de formas caprichosas y vírgenes
al amanecer, debido a las caricias de vientos que vienen
de la costa, tiene un bosque relicto de algarrobos (Prosopis
pallida) de unas 100,000 plantas que cubren más de
1300 Has que constituyen el hábitat de una rica fauna
silvestre y encierra a tres lagunas: Gallinazo, Larga y
Cañoncillo que también han propiciado ecosistemas
ricos en especies animales y vegetales.
El
Origen del Nombre
Santote es topónimo chimú que figura en documentos
de 1800 como “Santont” y hace alusión
a un “potrero cerca de Tecapa” (Zevallos Quiñones),
pero que el Directorio del INEI lo registra como “Santonte”
con el código 021005. Hoy lo conocemos como Santonte
muy castizo, y se trata de un apacible pueblito con su iglesia,
su plazuela central y unas pocas casas cuyos 500 habitantes
son guardianes de esta joya ecocultural, única en
la región La Libertad.
La gente sampedrana y pacasmayina, desde antaño sólo
han admirado al hermoso bosque de algarrobas y por tradición
mal interpretado, le llamado “bosque El Cañoncillo”,
sin tener en cuenta que se trata de un perfecto oasis que
incluye al bosque.
El Oasis de Cañoncillo
abarca a todo el conjunto paisajístico que contiene
al bosque de algarrobas “El Cañoncillo”
zoónimo que alude a este reptil (Dicrodon guttulatum)
conocido también como azulejo, algarrobera o guitarrero,
el cual ha servido de alimento a los antiguos habitantes
de estos montes costeros.
¿Quiénes
viven en Cañoncillo?
El hábitat de Cañoncillo alberga diversas
especies de aves como pericos, tordos, chiscos, cuculas,
picaflores, lechuzas, águilas y gallinazos.
El visitante se sorprenderá al descubrir debajo de
centenarios y añosos algarrobos cuyos troncos parecen
reptar y retorcerse cual monstruos desbocados en medio de
espinos, uñas de gato, chilcos y zapotes; puedan
cruzarse un silencioso zorro, un maloliente añaz,
una mimética lagartija o tal vez, una perezosa boa
o el infaltable cañán que sale a tomar sol
en las primeras horas del día, con el revoloterar
de las abejas. Aunque la ictiofauna es pobre representada
por charcocas, zarras y picolones; en cambio en sus bordes
hay juncales y totorales muy pródigos, mientras que
parte de la superficie está adornada por helechos,
lentejas de agua y hermosas ninfas que forman una especie
de alfombra visitada por patos, garzas y gallaretas que
suman encanto y belleza a esta joya natural.
¿Qué
más ofrece Cañoncillo?
En realidad ,
el atractivo no solamente es el bosque y la laguna, sino
todo el entorno que se inicia en San José y culmina
con Cerro Cañoncillo. Los pintorescos pueblos de
Tecapa y Santonte conservan aún tradiciones y costumbres
ancestrales y ante la eventual explotación turística
de Cañoncillo se convertirán en anfitrionas
del oasis, por lo que sus habitantes deben ser sensibilizados
y capacitados para ofrecer servicios a los visitantes.
Investigadores, aventureros y artistas tienen en Cañoncillo
un verdadero fortín ecológico. El Trekking
y campismo deben ser las actividades predominantes y potencialmente
el sandboard, y escalamiento en los cerros aledaños,
así como ala delta y parapente aprovechando las corrientes
de aire.
Bosque
en peligro
A pesar de la belleza incomparable de Cañoncillo,
las autoridades no hacen mucho por conservar este recurso.
Los desechos orgánicos acumulados a orillas de la
laguna, los taladores furtivos y la inexistencia de planes
para mejorar el entorno inmediato dan fe de ello.
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¿Cómo
llegar a Cañoncillo?
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Desde
Trujillo, cualquier empresa de buses que van a
Chiclayo nos llevan al cruce de San José,
pasando San Pedro y Pacasmayo en hora y media.
Luego tomamos un colectivo que cruza Verdum, San
José, Campanita y Tecapa y se llega a Santonte
en media hora.
De Santonte, que marca la entrada a Cañoncillo,
se puede cruzar la parte boscosa en una hora,
siguiendo por una trocha bien marcada. En primer
término llegamos a huaca Colorada para
apreciar restos de una edificación Mochica.
Si nos interesa también podemos ver vestigios
Cupisnique, Chimú e Inca.
Cruzar el bosque no es peligroso, la laguna El
Cañoncillo es el corazón del oasis
y tiene alrededor de 500 x 100 metros de espejo
de agua y 3 a 4 metros de profundidad. Es gracioso
ver a las charcocas saltar cual “delfines”
en miniatura en busca de su alimento.
Sin embargo; para mayor seguridad, recomendamos
contratar los servicios de agencias de turismo
o guías de turismo especializados en turismo
de naturaleza, Multidestinos Tours es una de las
mejores opciones. |
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