TRUJILLO-PERU 2006  
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EL BOSQUE DE CAÑONCILLO

En los Caseríos de Santonte y Tecapa del distrito de San Pedro de Lloc, en la provincia de Pacasmayo, existe un oasis que juntamente con el de Huacachina, en Ica, tienen todos los requisitos para clasificarlos como tales, tan igual que a los oasis del desierto del Sahara en Africa, de donde se origina esta palabra y que alude a un afloramiento acuífero en medio de un desierto colmado de dunas y poblado por plantas del lugar. El oasis de Cañoncillo está rodeado de dunas de formas caprichosas y vírgenes al amanecer, debido a las caricias de vientos que vienen de la costa, tiene un bosque relicto de algarrobos (Prosopis pallida) de unas 100,000 plantas que cubren más de 1300 Has que constituyen el hábitat de una rica fauna silvestre y encierra a tres lagunas: Gallinazo, Larga y Cañoncillo que también han propiciado ecosistemas ricos en especies animales y vegetales.

El Origen del Nombre
Santote es topónimo chimú que figura en documentos de 1800 como “Santont” y hace alusión a un “potrero cerca de Tecapa” (Zevallos Quiñones), pero que el Directorio del INEI lo registra como “Santonte” con el código 021005. Hoy lo conocemos como Santonte muy castizo, y se trata de un apacible pueblito con su iglesia, su plazuela central y unas pocas casas cuyos 500 habitantes son guardianes de esta joya ecocultural, única en la región La Libertad.
La gente sampedrana y pacasmayina, desde antaño sólo han admirado al hermoso bosque de algarrobas y por tradición mal interpretado, le llamado “bosque El Cañoncillo”, sin tener en cuenta que se trata de un perfecto oasis que incluye al bosque.
El Oasis de Cañoncillo abarca a todo el conjunto paisajístico que contiene al bosque de algarrobas “El Cañoncillo” zoónimo que alude a este reptil (Dicrodon guttulatum) conocido también como azulejo, algarrobera o guitarrero, el cual ha servido de alimento a los antiguos habitantes de estos montes costeros.

¿Quiénes viven en Cañoncillo?
El hábitat de Cañoncillo alberga diversas especies de aves como pericos, tordos, chiscos, cuculas, picaflores, lechuzas, águilas y gallinazos.
El visitante se sorprenderá al descubrir debajo de centenarios y añosos algarrobos cuyos troncos parecen reptar y retorcerse cual monstruos desbocados en medio de espinos, uñas de gato, chilcos y zapotes; puedan cruzarse un silencioso zorro, un maloliente añaz, una mimética lagartija o tal vez, una perezosa boa o el infaltable cañán que sale a tomar sol en las primeras horas del día, con el revoloterar de las abejas. Aunque la ictiofauna es pobre representada por charcocas, zarras y picolones; en cambio en sus bordes hay juncales y totorales muy pródigos, mientras que parte de la superficie está adornada por helechos, lentejas de agua y hermosas ninfas que forman una especie de alfombra visitada por patos, garzas y gallaretas que suman encanto y belleza a esta joya natural.

 

¿Qué más ofrece Cañoncillo?


En realidad, el atractivo no solamente es el bosque y la laguna, sino todo el entorno que se inicia en San José y culmina con Cerro Cañoncillo. Los pintorescos pueblos de Tecapa y Santonte conservan aún tradiciones y costumbres ancestrales y ante la eventual explotación turística de Cañoncillo se convertirán en anfitrionas del oasis, por lo que sus habitantes deben ser sensibilizados y capacitados para ofrecer servicios a los visitantes.
Investigadores, aventureros y artistas tienen en Cañoncillo un verdadero fortín ecológico. El Trekking y campismo deben ser las actividades predominantes y potencialmente el sandboard, y escalamiento en los cerros aledaños, así como ala delta y parapente aprovechando las corrientes de aire.

Bosque en peligro
A pesar de la belleza incomparable de Cañoncillo, las autoridades no hacen mucho por conservar este recurso. Los desechos orgánicos acumulados a orillas de la laguna, los taladores furtivos y la inexistencia de planes para mejorar el entorno inmediato dan fe de ello.

 

 

¿Cómo llegar a Cañoncillo?

Desde Trujillo, cualquier empresa de buses que van a Chiclayo nos llevan al cruce de San José, pasando San Pedro y Pacasmayo en hora y media. Luego tomamos un colectivo que cruza Verdum, San José, Campanita y Tecapa y se llega a Santonte en media hora.
De Santonte, que marca la entrada a Cañoncillo, se puede cruzar la parte boscosa en una hora, siguiendo por una trocha bien marcada. En primer término llegamos a huaca Colorada para apreciar restos de una edificación Mochica. Si nos interesa también podemos ver vestigios Cupisnique, Chimú e Inca.
Cruzar el bosque no es peligroso, la laguna El Cañoncillo es el corazón del oasis y tiene alrededor de 500 x 100 metros de espejo de agua y 3 a 4 metros de profundidad. Es gracioso ver a las charcocas saltar cual “delfines” en miniatura en busca de su alimento.
Sin embargo; para mayor seguridad, recomendamos contratar los servicios de agencias de turismo o guías de turismo especializados en turismo de naturaleza, Multidestinos Tours es una de las mejores opciones.

Texto y fotos:
Benito Jáuregui Rosas

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publicado el 07/12/06

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